¿Os imagináis recrear una batalla naval con todos sus detalles? ¿Así como el agua y las embarcaciones reales? Muchos pensarán, ¡claro! En los estudios de Hollywood haciendo la película de “Master and commander”. Pues el término Naumaquias quiere decir en griego “combate naval”, y en la antigua Roma consistían en espectáculos navales tanto en espacios terrestres como en ríos o cuencas.

Fue el emperador Tito quien inauguró en el Coliseo de Roma las batallas navales teatralizadas. Enfrentaba trirremes y cuadrirremes (naves del S VII A.C de origen griego).

Aunque la apariencia teatral fuese el espectáculo, en el fondo encerraba una parte más oscura, ya que los participantes eran condenados a muerte o prisioneros de guerra y las batallas eran reales, como si de gladiadores se tratasen.

Imagínense en el Coliseo de Roma, todo lleno de agua y ver en su interior hasta 50 embarcaciones de 36 metros de eslora, con munición real, impactos de proa con los espolones.

Pero ¡ojo! Que en España no se quedaron atrás estas formas de representación.

En Madrid, Felipe IV, gran amante de la historia, organizaba Naumaquias en el estanque del Retiro y en la casa de campo durante el S. XVII.

En las crónicas se habla de que los efectos visuales y sonoros eran asombrosos. Se modificaban los lugares con decorados como si fuera una gran producción de cine, podían estar hasta 5 meses preparando el espectáculo.

Si es verdad que la representación de la batalla naval en cuestión no se asemejaba al conflicto real, pero se quería impresionar al público con todo el despliegue de medios.

Imagínense más de 7 horas de espectáculo, simulando lluvias de fuego, inundaciones, hundimientos, recreación de tempestades…

 

La última gran Naumaquia se celebró en la ciudad de Valencia, en gran sentido, gracias a la aportación de embarcaciones de los pescadores de la albufera.

Fue en 1755, para celebrar el centenario de la canonización de San Vicente Ferrer.

 

 

Se simuló una batalla entre moros y cristianos y fue en el rio, entre los puentes del Real y la Trinidad, con triunfo de los cristianos gracias a la aparición del santo.